Alfredo Zitarrosa

Publicado por esteeselbuho en dic 10, 2010, en Tango, Folklore, Música latinoamericana

Alfredo Zitarrosa

Voz de Latinoamérica

EL CANTOR (Eduardo Galeano sobre Alfredo Zitarrosa)

Cuando Alfredo Zitarrosa murió en Montevideo, su amigo Juceca subió con él hasta los portones del Paraíso, por no dejarlo solo en esos trámites.
Y cuando volvió, nos contó lo que había escuchado.
San Pedro preguntó nombre, edad, oficio.
–Cantor– dijo Alfredo.
El portero quiso saber: cantor de qué.
–Milongas– dijo Alfredo.
San Pedro no conocía. Lo picó la curiosidad, y mandó:
–Cante.
Y Alfredo cantó. Una milonga, dos, cien.
San Pedro quería que aquello no acabara nunca.
La voz de Alfredo, que tanto había hecho vibrar los suelos, estaba haciendo vibrar los cielos.
Entonces Dios, que andaba por ahí pastoreando nubes, paró la oreja.
Y ésa fue la única vez que Dios no supo quién era Dios.
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Texto ampliamente difundido a través de estas vías, pero que tanto vale la pena volver a leer. Porque, nada mejor que las palabras de Eduardo Galeano describiendo una de las mejores cualidades del cantor uruguayo: su voz.

Pero allí no terminaban dichas cualidades, ahí solo empezaban. Se trataba de un hombre comprometido con la realidad y con la música.

Su paisito, su querida Uruguay, inclusive su querida América desvelaban al cantor de milongas ‘rezongonas’, candombes alegres y transparentes, y hasta cantor de tangos, aunque demasiado pocas veces. Ambas orillas sienten esa deuda, porque su voz era también una voz para el tango, y por suerte hubo algunos coqueteos, pero que dejaron ganas de algo más.

Como muchos otros artistas, comprometidos con las realidades americanas y soñadores de un mundo mejor, reflejó sus ideas en letras profundas y voces de calados inconmensurables, porque si hay algo que don Alfredo calaba era el alma, y nada más inconmensurable que las almas humanas sensibles a las injusticias cometidas en el mundo.

Sus letras eran un reflejo de la América de atrás, la olvidada, pero especialmente del sufrimiento de su pueblo, Uruguay.

Don Alfredo nos ha dejado físicamente hace tiempo, pero sobre todas las cosas nos ha dejado su precioso legado folklórico latinoamericano, porque Zitarrosa es una especie de Gardel de nuestro folklore pero con la cuota de compromiso de quienes tienen la imperdible oportunidad de ser interlocutores de sus pueblos además de transmitir emociones como el amor. Después de todo, la sensibilidad ante las injusticias que se viven a diario, ya sea que nos afecten de cerca de no, no es otra cosa que amor.

Por eso este eterno agradecimiento a Alfredo Zitarrosa y a las palabras de Eduardo Galeano que tan bien lo describen.

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